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En la escena indie venezolana de 2026, no hay contratos ni streams millonarios. Solo garajes prestados, guitarras criollas y una honestidad que no se compra. Tomasa lo dijo primero; esta es la escena que lo prueba.
Distorsión en criollas, Casio beats y bajos que zumban como en un garaje de Manchester. La escena indie venezolana revive el post-punk de principios de siglo, pero con colas de gasolina y apagones en vez de lana y clubbers.